Una videollamada en la que el Conejo de Pascua le saluda por su nombre, le pregunta qué tal se ha portado y le deja pistas de dónde ha escondido los huevos de colores.
Funciona especialmente bien justo antes de la búsqueda de huevos: el niño cuelga corriendo a buscar.

El Conejo de Pascua
Llamando desde el prado de los huevos 🌷

En muchas casas la Pascua es el día de los huevos de chocolate y poco más. El Conejo de Pascua es el personaje que la sostiene en medio mundo, y es fácil de convertir en algo que el niño recuerde: basta con que aparezca antes de la búsqueda y hable con él.
Aquí abajo tienes cómo funciona la llamada, ideas para el día y, si tienes curiosidad (o hijos preguntones), de dónde viene realmente la tradición.
El momento importa más que la duración. Estas son las opciones que mejor funcionan:
Truco: al preparar la llamada, escribe dónde has escondido un par de huevos. El Conejo lo usará como pista y la cara del niño lo compensa todo.
La Pascua es la fiesta cristiana de la resurrección, pero el conejo que reparte huevos no sale de ahí. Viene de las tradiciones populares del centro de Europa, y su primer rastro escrito es alemán: en 1682, el médico Georg Franck von Franckenau describió en un tratado la costumbre alsaciana del "Osterhase", la liebre de Pascua que esconde huevos en el jardín para que los niños los busquen. Ya entonces la describía como una tradición vieja y arraigada.
El animal original no era un conejo, sino una liebre, un animal que en la cultura popular europea se asociaba a la primavera y a la fertilidad por su capacidad de criar varias veces en una estación. La confusión entre liebre y conejo llegó después, al traducirse y viajar la costumbre.
El huevo tiene su propia historia, y es más antigua: símbolo de vida nueva en muchísimas culturas, en la tradición cristiana se cargó de un significado extra. Durante la Cuaresma no se comían huevos, y las gallinas seguían poniendo, así que al llegar la Pascua había excedente que había que celebrar. De ahí la costumbre de decorarlos y regalarlos, documentada en Europa desde la Edad Media.
La tradición cruzó el Atlántico con la emigración alemana del siglo XVIII, sobre todo la que se asentó en Pensilvania: los niños hacían nidos con hierba para que el "Oschter Haws" dejara ahí los huevos de colores. Esa versión es la que se popularizó en Estados Unidos y la que, ya con cestas y chocolate, se ha extendido a España, Latinoamérica y Brasil en las últimas décadas.
Por eso la mezcla varía mucho según la casa. En España conviven la mona de Pascua, los huevos de chocolate y el conejo; en Brasil, el "Coelhinho da Páscoa" y los huevos con sorpresa dentro; en Alemania sigue habiendo liebres y nidos de verdad en el jardín.
Si tu hijo pregunta por qué un conejo trae huevos, cuando los conejos no ponen: es justo la gracia de la historia. Un animal de primavera repartiendo el símbolo de la vida nueva. La lógica llegó después que la costumbre.
Si vas a montar la búsqueda en casa, unas cuantas cosas que ayudan a que dure más de tres minutos:
Antes de la llamada cuentas cuatro cosas: el nombre de tu hijo, su edad, qué le gusta y qué ha conseguido últimamente. El Conejo lo usa en la conversación, y responde de verdad a lo que el niño le dice: no es un vídeo grabado.
Se paga por minutos, sin suscripción ni renovación automática, y el saldo vale para cualquier personaje del catálogo. Dentro de la llamada no hay publicidad ni nada que el niño pueda tocar para gastar dinero.
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